miércoles, 13 de mayo de 2009

El Opturado.




Movimiento. Estoy en constante movimiento. Un tiro vertical descendente. No para, no se detiene y lo peor. Lo peor es que mientras caigo. Mientras caigo no se. No se nada. No se quién soy. Ni a dónde voy. Me veo al espejo, a través de mi reflejo, de la imagen, no me gusta lo que veo. Lo que soy. ¿Qué soy? Y sin embargo me muevo, sin sentido. Caigo. Sin dirección. Un futuro sin futuro. Todo me parece gris. Yo mismo. Gris. Todo viene, todo se va. Me deja. Se aleja. Normalmente me quedo, lo sufro, lo lloro, lo lamento… Lo olvido, deja de existir. Perdón. No soy quien crees que soy. Tampoco sé qué crees que soy. ¿Qué esperas de mi? Perdón. Lo vi venir. Lo olvido. Lo vi DO. DO, ¡lo vi! Olvídalo, no tiene caso… Yo ya lo hice. Tus labios rojos. Incandescentes. Insaciables. Encendidos. Besándome. Se transforman en lumbre. Son un fuego, me alumbran, me calientan, me prenden y guían. Los quiero. Me queman. ¡Carajo! Me lastiman. Me destruyen. Sádica muerte. Chorros de sangre brotan de mi piel. Soy un Sol. Doy calor, luz, vida y amor. Me necesitas. Me odias. Mantén tu distancia. Te puedo quemar, lastimar. Entiéndelo, así soy, perdón. Distancia. Tómala… tu, por tu propio bien. Por favor. Todo gira, todo cambia. Todo sigue igual. Sigo siendo el mismo. Me levanto temprano en la mañana, tu desayuno lo pongo en la cama. Sigo siendo tu Don Juan. ¿Por qué no te vas? Te deseo. La ciudad es un monstruo. Te convierte en uno. Monstruo o bestia, escoge el que mejor te siente. En eso me convertí. Le pego a una perra. Cariñitos, nada grave. Mi pene, en su clítoris, lo abofetea. Le gusta. El sexo, así. Pego, quemo, sexo, gusta. Monotonía. Mono tono. Uno(a) solo(a)... único(a). Sonido. Un solo sonido. DO, la nota. LA, otra más. La vi. LA ol-vi-DO. La olvido. Quiero otra vida. Quiero otra cara. Quiero un cambio… Otro, tan solo uno más. Mi visión se divide. Me abstraigo de todo, de ti, de mi mismo hasta que, por fin, lo (me/nos) olvido. Me desmayo. Terremotos, estructuras, sonidos desafinados, yerbas, autos… Estoy cayendo. A un precipicio, sin fin. Me despierto. Poco a poco, me pierdo, me pierdo en la inmensa e interminable caída. Parece que jamás llego al fondo. Necesito tocar base para volver a subir. A dónde. Ni siquiera se que es arriba y abajo. Si no se quién soy, mucho menos sabré dónde estoy… muchísimo menos a dónde quiero (tengo que) ir. ¿Tengo que ir? Necesito tocar fondo… ¿cual es el fondo? ¡Carajo que confuso es todo! ¿Cuando llega? Por qué, justo cuando creo que me voy a colapsar, justo cuando creo que mi cuerpo en descenso llegará abruptamente al piso destrozándose con todo y mis absurdas manías e ideas y todas sus consecuencias, justo en ese momento, desaparece la distancia entre mi cuerpo y el asfalto. Se torna, una vez más, lejana. En fin. Un martirio, tortura china. ¡Carajo, lárgate! No me necesitas. Yo menos. Tu más. O al revés, no sé. Huye. Huye de mí antes de que te descuartice como a una vaca, antes de que… muestre mi verdadero yo. Te di lo que pude. Mierda, eres insaciable. Por favor, solo vete. Ve: te… quiero. Pero no quiero. Quédate. Pero vete, entiéndeme. Martirizo a mi corazón y a mis sentimientos por ti. Los ahogo y les impido salir, por tu bien. Por favor, vete, por mi. Mas que nada por ti. Antes de que salgan. Dame tiempo. Infinito (el tiempo que me des), solo vete y desaparece. Te quiero, eres diferente, pero entiéndeme. Te quiero demasiado y yo soy como un Rey Midas pero, en mi caso, todo lo que toco lo destruyo. Se feliz, pero sin mi. Por favor.

No hay comentarios: